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19 de noviembre de 2007

Nuevas evidencias de la catástrofe de La Atlántida

Una inundación hace 8.300 años en el Mediterráneo Oriental, que para algunos podría ser el origen de la leyenda del Arca de Noé, según el investigador Jaime Manuschevich es la reafirmación una vez de más su teoría. Esta catástrofe en el Mediterráneo Oriental, que hizo colapsar la primera civilización humana que prosperaba en la región, fue la que dio origen al mito de la Atlántida.

Las nuevas evidencias científicas las obtuvo un equipo británico empleando sistemas de datación con carbono y pruebas arqueológicas. Estas evidencias muestran que el colapso de la capa de hielo de Norteamérica, elevó el nivel del mar en todo el mundo hasta 1,4 metros, lo que desplazó a decenas de miles de personas del sureste europeo que ya practicaban la agricultura.

Los investigadores dijeron en la publicación Quaternary Science Reviews que su trabajo proporciona pruebas evidentes que relacionan la inundación que ocasionó la separación del Mediterráneo del Mar Negro con el incremento de la agricultura en Europa.

"Miramos todos los datos anteriores sobre agricultura en Europa, y encontramos algo de agricultura en Grecia y los Balcanes justo antes de la inundación", dijo Turney en una entrevista telefónica. "Cuando llegó la inundación, la agricultura parecía haberse detenido, pero se reestableció una generación después en toda Europa".

Los expertos reconstruyeron las costas mediterráneas y del Mar Negro antes y después del alza del nivel del agua y estimaron que la inundación cubrió unos 73.000 kilómetros cuadrados durante un período de 34 años, lo que originó el desplazamiento de las poblaciones.

Pruebas arqueológicas anteriores han mostrado que las comunidades de la región ya cultivaban la tierra cuando se produjo la inundación. El equipo de Exeter sugiere que la migración masiva provocó una expansión repentina de la agricultura y la producción de alfarería en todo el continente. Los científicos creen que estas personas se llevaron sus conocimientos a otros lugares poblados anteriormente por cazadores y recolectores, donde no había ninguna prueba de agricultura.

Según señala la teoría de Manuschevich, ésta fue una de las varias áreas afectada por la catástrofe climática de aquel período, pero el desastre también afectó al centro de la civilización de la Atlántida, la región actual de Israel y Sinaí, como lo señalan otros estudio, como los de la geóloga Pareschi, lo que en definitiva hizo colapsar la civilización en ascenso, obligando a los sobrevivientes a migrar a nuevos puntos de la tierra.

15 de octubre de 2007

Pirámides, mapas estelares y la Atlántida (Parte 3 de 3)

Esta es la tercera parte del interesante artículo del investigador chileno Jaime Manuschevich sobre las pirámides de Egipto, su relación con la constelación de Orión y la Atlántida.

Las preguntas que nacen de la nueva teoría

Sin duda Robert Bauval ha hecho un gigantesco aporte al estudio y compresión del mundo antiguo, pero como todo en la ciencia, sus descubrimientos han abierto nuevas interrogantes.

Hoy es bien sabido que prácticamente todas las culturas antiguas erigieron imponentes estructuras con fines rituales y astronómicos, y la orientación y ubicación de estas construcciones se basaba casi siempre, en objetos o acontecimientos astronómicos importantes, como las posiciones de brillantes estrellas, los planetas, los puntos del horizonte por donde se veía la salida y puesta de la Luna y el Sol, y los solsticios y equinoccios.

Esta constatación nos abre otras gigantescas interrogantes que son imposibles de pasar por alto y que cuestionan seriamente la interpretación que tenemos de la historia de la civilización.

¿Por qué la Avenida de lo Muertos de Teotihuacan coincide con la dirección de la Vía Láctea y con el curso del Nilo? ¿Es la situación de las Pirámides egipcias de Gizeh, con respecto a la de dicho río, un reflejo exacto de la que ocupa la constelación de Orión con respecto a la Vía Láctea? ¿A qué se deben estas asombrosas coincidencias? ¿Con que intención, y a través de qué ignorados conocimientos matemáticos, contemplaban los antiguos las estrellas? ¿Por qué mayas, aztecas, egipcios y otros pueblos de la antigüedad situaron algunas de sus construcciones más relevantes de forma que coincidieran con determinados mapas del cielo?

Siguen existiendo otro sinfín de preguntas sin respuestas claras ¿De dónde y quiénes salió toda esta compleja información? ¿Quién la conservó? ¿Por qué Egipto apareció de pronto como una civilización con información astronómica tan completa? ¿Por qué son o eran tan importantes los mapas estelares? ¿Por qué estos mapas estelares lo usan todos los pueblos antiguos? Y la pregunta final y esencial: ¿Hay una raíz común?

La Atlántida: el nuevo paso lógico en la investigación

Cada una esas interrogantes las he trabajado ya desde hace varios años y la respuesta que formulé es clara: todos estos datos constituyen una prueba consistente de la existencia previa de una civilización y estos nos señalan en la dirección de la mítica Atlántida. Con este cúmulo de estas nuevas evidencias, Atlantis ya no es una entelequia absurda y abstracta, sino que claramente se muestra como una civilización basal que existió en un periodo anterior a todas las clásicas que conocemos y que alcanzó alto nivel de un conocimiento astronómico, que posteriormente se difundió entre sus herederas.

Quizás como el más definido dato en este marasmo de información nueva aún sin procesar, es la fecha en el cielo que fijan las pirámides -el 10500-, que claramente nos pone en la era de la isla mitológica. Al parecer, es evidente que estos gigantescos monolitos no fueron construidos en aquella fecha, pero ellos marcan un hito tan importante en la historia de aquel período que su información se conservó por varios milenios y ameritó que los hombres hicieran unos gigantes esfuerzos por conservar la fecha en piedra para la posterioridad. El astrónomo y catedrático en la Universidad de Cardiff, Chandra Wrickamasinghe, que ha hecho contribuciones importantes en el campo de la física de las partículas de polvo interestelar, señaló hace un tiempo atrás que “las pirámides son tan impresionantes porque debieron obedecer a un gran fenómeno cósmico”.

Desde hace varias décadas, cada vez son más los investigadores y científicos que están llegando a esta misma conclusión, más allá del desprestigio y crítica del tradicionalismo a sus teorías. Charles Hutchins Hapgood, un reconocido científico, hace ya casi cinco décadas después de muchos estudios, concluyó que así fue. Lo mismo sostiene el geólogo Robert Schoch, que estableció en 1992 ante la Sociedad de Geología de América que la Esfinge es mucho mas antigua que lo que se cree. Graham Hancock sostiene lo mismo a raíz de sus propios trabajos.

La antigua astronomía apunta a un sitio: el Medio Oriente

Según Williams Sullivan, especialista en paleoastronomía y mito antiguos, en su libro “El Secreto de los Incas”, (1999, Grijalbo, páginas 130, 131) señala que toda la información astronómica antigua tiene una raíz común, que reafirma de forma tan categórica como el tema agrícola o genético, la existencia de una civilización matriz. Para no exponer largos textos completos, solo citaré algunas conclusiones más claras y categóricas:

“Y no nos equivoquemos, aquí nos encontramos con un “metalenguaje” que puede manejarse en diferentes ecosistemas y latitudes (…) Desde las pirámides escalonadas de Babilonia hasta la de Palenque y desde el zodiaco de Dendera hasta la Llama Celeste, se encuentran pruebas de la existencia no un débil conjunto de “creencias” sobre el más allá, sino un lenguaje ubicuo y muy estructurado que refleja una penetrante comprensión de la mecánica celeste, con el objeto de sondear, investigar, conocer el destino último del hombre. Las mejores mentes y haciendas del mundo arcaico se dedicaron se dedicaron a este propósito”.

Mircea Eliade, un reconocido y prestigioso historiador de las religiones, ya fallecido, señala que “la creencia en la posibilidad de una comunicación directa con el cielo”, fue el resultado de una influencia directa, más que algún mecanismo psíquico que implicara ideas “universales” o “naturales”. Entre esta influencia debemos admitir la influencia del Medio Oriente. Los investigadores Santillana y Dechend dejan clara una opinión similar, afirmando que de una “antiquísima” fuente del Oriente Próximo es de donde proceden las nociones relativas a los tres dominios, los siete o nueve cielos, un “pilar del mundo”, etc.

La información es clara: existió una antigua civilización basal, que generó todos los conocimientos astronómicos antiguos y su foco fue el Medio Oriente, en un periodo previo a las civilizaciones reconocidas. Aquí nuevamente nos enfrentamos a las creencias de lo que es la historia humana, cargada de prejuicios, que aún tiene serias dificultades para enfrentar los hechos.

Pienso que toda la mitología inicial, que en muchos casos derivó en religión, fue creada para salvar la información científica, astronómica, climática e histórica del hombre después de la caída de Atlantis, a partir de los sobrevivientes y colonizadores que se repartieron por el mundo.

El mito es un metalenguaje de la ciencia antigua. Detrás de cada mito hay un trozo del conocimiento de la Atlántida.

Es nuestra tarea descifrarlo.

11 de octubre de 2007

Pirámides, mapas estelares y la Atlántida (2 de 3)

Esta es la segunda parte del interesante artículo del investigador chileno Jaime Manuschevich sobre las pirámides de Egipto, su relación con la constelación de Orión y la Atlántida.


Pero habían muchas más coincidencias

Más adelante, cuando se puso a investigar en profundidad el tema, Bauval adicionalmente se percató de que los hipotéticos canales de ventilación de las cámaras de la Gran Pirámide de Keops estaban orientados hacia algunas constelaciones específicas y entre ellas, al mismo sistema de Orión, fenómeno que ya había señalado el arquitecto y también egiptólogo A. Badawy durante los años 60. Apoyado en un potente programa computacional, Bauval pudo observar que en la supuesta época en la que se construyeron las pirámides (ca. 2500 a. de C.) existían una serie de vínculos astronómicos que, a ciencia cierta, nada tenían que ver con el azar.

El canal Norte de la llamada Cámara del Rey de la Gran Pirámide estuvo orientado en esta fecha hacia la estrella Alpha de la constelación del Dragón, también llamada Tuban, y que en la Antigüedad hacía las funciones de estrella polar para marcar el Norte. El canal Sur de esta misma Cámara del Rey, estuvo orientada hacia la estrella Zeta Orionis, es decir, aquella que se identificaba con la propia pirámide de Keops. Por su parte, el canal norte de la Cámara de la Reina, estuvo orientado en fecha hacia la Osa Menor y el Sur hacia la estrella Sirio, la más brillante de la constelación del Can Mayor, y una de las más importantes del panteón egipcio, ya que era identificada con la diosa Isis, esposa de Osiris.

En el colmo de la “coincidencia”, la teoría de Bauval terminó por confirmar la vieja sospecha que tenían ciertos egiptólogos desde hace tiempo, intuyendo que los antiguos egipcios identificaban la Vía Láctea con su río Nilo. Efectivamente, así es, y tal como ocurre en el cielo como en la Tierra, tanto Gizeh como Orión acaban teniendo la misma estructura.

Más allá del debate de pequeñeces o alineamiento específicos, ya no había duda que estas construcciones estaban relacionadas con el cielo.

Pero lo más extraordinario, es que si bien el programa informático decía que la fecha del 2475 a. de C. era excelente para identificar Gizeh con la constelación de Orión y la orientación de los supuestos canales de ventilación de las cámaras del Rey y de la Reina en la Gran Pirámide, el 10500 a. de C. era aún una fecha mucho mejor.

Los cambios en la investigación arqueológica

Con el tiempo, sus descubrimientos, no se quedaron en la meseta de Gizeh, sino que se expandieron a otras pirámides de Egipto, ya que existen otras construcciones de este tipo que se corresponden con diferentes estrellas de la misma constelación de Orión. En este sentido, la pirámide de Djedefre, ubicada en la cercana localidad de Abou Rowash, sería la estrella Saiph (Kappa Orionis), y la pirámide de Nebka, en Zauyet el Aryan, la estrella Bellatrix. Para poner un broche de oro a tan fascinante teoría Bauval extiende sus planteamientos a otros grupos monumentales fuera de la constelación de Orión. Así, la pirámide de Esnofru en Dashur estaría relacionada con las Híades, más en concreto con Aldebarán y 311 Tauri. También, esta teoría acaba por confirmar la vieja sospecha de los egiptólogos que creían que los egipcios identificaban la Vía Láctea con su río Nilo.

En definitiva a lo largo de los últimos 20 años, esta teoría ha revolucionado la egiptología y de hecho ha reforzado de manera muy importante una nueva ciencia emergente: la arqueoastronomía, que es el estudio de yacimientos arqueológicos relacionados con el estudio de la astronomía por culturas antiguas y el grado de conocimientos astronómicos poseído por los diferentes pueblos antiguos. Uno de los aspectos de esta disciplina es el estudio del registro histórico de conocimientos astronómicos anterior al desarrollo de la moderna astronomía.

Un ejemplo de este tipo de estudios se encuentran en el extenso registro producido por la antigua astronomía china en busca de “estrellas invitadas”, es decir objetos o estrellas observados por los antiguos astrónomos chinos y registrados como objetos pasajeros. Algunos de ellos eran cometas mientras que otros constituyen supernovas cercanas cuya aparición en tiempos históricos permite estudiar en detalle la evolución temporal de estos fenómenos.

Asimismo, por intermedio de la Arqueoastronomía se está empezando a comprender la función de los magníficos monumentos megalíticos (grandes piedras), que nos legaron.


(continuará)

10 de octubre de 2007

Pirámides, mapas estelares y la Atlántida (1 de 3)


El investigador chileno Jaime Manuschevich comparte con nosotros un interesante documento relacionado a los descubrimientos de los misterios de las pirámides de Egipto, mapas del cosmos y la leyenda de la Atlántida. Este es el primero de una serie de tres artículos que publicaremos esta semana.

El estado del debate

En el mundo occidental, el debate sobre el origen, forma de construcción y función de las grandes pirámides de Egipto sigue estando tan inmaduro o en verde como cuando comenzó hace más de 2500 años, a raíz de los relatos de Heródoto de Helicarnaso, el padre de la historia. Desde los inicios de la egiptología moderna, por llamarla de alguna manera, en el siglo XVIII, se ha mantenido entre los egiptólogos las ideas originales de historiador griego, basados en las creencias egipcias, que habían vivido varios y profundos períodos de oscurantismos, sin pasar por un sistema científico de verificación.

Durante los últimos 200 años se ha sostenido la egiptología clásica que estas megas construcciones fueron levantadas en periodos breves de tiempo –no mas allá de un par de décadas- con el objeto de servir de tumba a tres faraones egipcios: Keops, Kefren y Micerino, padre, hijo y nieto respectivamente, integrantes de la IV Dinastía, aunque jamás se haya encontrado ni la más mínima prueba o evidencia arqueológica que ratifique que fueron tumbas, ni se haya demostrado hasta hoy de una forma confiable como fueron construidas y en cuanto tiempo fueron movidos millones de toneladas de roca para su edificación. Sobre estos temas hay cientos de hipótesis y tal vez varios miles de libros.

Sin embargo, mucha agua ha corrido bajo los puentes de la Egiptología. Después de grandes debates, al fin ha comenzado a variar a lo menos el arcaico e inconsistente enfoque de que estas gigantescas obras de ingeniería eran inocuas tumbas de reyes o faraones, impulsados por la megalomanía o la fe. Hoy se comienza a aceptar que las grandes pirámides, así como varios de antiguos monumentos egipcios, tales como Dendera y otros templos, están asociados al cielo, a la astronomía, representando posiciones de estrellas y no simples tumbas repartidas al azar, como se sostenía categórica y fehacientemente, quizás hasta altaneramente, hasta hace unos pocos años atrás.

La observación clave de Bauval

Robert Bauval, ingeniero nacido en Egipto en 1948, desde 1982, ha estado investigando el conocimiento estelar y astronómico de los antiguos constructores de pirámides egipcios, elaborando la ya mundialmente famosa teoría de la correlación entre Orión y Gizeh y generando una airada polémica al fechar el origen de la Esfinge hacia el 10.000 a.C. Su nueva teoría para entender las grandes pirámides puso de cabeza la Egiptología clásica y ha causado la irritación de muchos. Pero al final, como en la ciencia lo que importa son las pruebas, que en este caso son tremendamente contundentes a favor de Bauval, ya pocos se atreven a negar el estrecho vínculo entre las Pirámides y el Cinturón de Orión, estrellas que eran vistas como el cetro de Osiris en el antiguo mundo egipcio.

La primera parte del descubrimiento de Robert Bauval se originó en una visita del Museo Egipcio de El Cairo, donde vio una gran fotografía aérea que mostraba los vértices de las tres pirámides de la meseta de Gizeh, percibiendo que las tres enormes construcciones no estaban perfectamente alineadas, sino que la más pequeña de todas, la que pertenecía al faraón Micerinos, se desviaba de la diagonal que unía a sus dos pirámides mayores. “El desvío se notaba tanto como un cuadro torcido en una pared”, comentó el propio Bauval más tarde. Esta singular observación cambiaría radicalmente la vida del ingeniero, ya que poco después, el año 1983, mientras trabajaba en Arabia Saudí, completó su descubrimiento.

En una noche de verano, mirando al cielo, Bauval observó que la estructura que poseían las tres estrellas que componen el cinturón de la constelación de Orión, era idéntica a la configuración de las tres pirámides de la meseta de Gizeh que había observado, incluida la pequeña desviación de la más pequeña. Para encuadrar perfectamente las posiciones de las construcciones terrestres con las estrellas de Orión, Bauval invirtió la polaridad Norte-Sur de un mapa convencional moderno, colocando el Sur al Norte y viceversa. Su inmediata hipótesis fue la posibilidad de que estas estructuras estuviesen hechas con el objeto de representar estas estrellas, naciendo así la teoría de la conexión de Orión.

(Continuará)

2 de octubre de 2007

Los misterios de Glozel


Hace un par de años, en la sección Mundo Raro de Virtualia -que fue una especie de precursora de lo que hoy es este apócrifo blog- publiqué un artículo sobre los misteriosos objetos y escritura de Glozel. Un sitio arqueológico controversial, teñido de acusaciones de fraudes y disputas entre sus exploradores y sus detractores, que bien podría ser escenario de un descubrimiento revolucionario de los orígenes de la civilización. O tal vez no. Acá posteo la nota made in Virtualia, me disculpo por la notoria falta de objetividad (que era lo que esa sección exigía :D) y les dejo la interrogante de si será o no cierto.

Los misterios de Glozel

La excavación de Glozel, ubicada en la campiña francesa, ha asombrado a los arqueólogos durante décadas, debido a que sus restos revelan indicios de una civilización muy avanzada para su época. Pero lo más raro son unos misteriosos signos que parecen ser un antiguo alfabeto.

La historia comienza en 1924 cuando unos campesinos de Glozel, localidad situada en la zona de Allier, al norte de Francia, descubrieron casualmente unos extraños restos arqueológicos. Había trozos de tablillas y cerámicas que llamaron la atención de los arqueólogos por su refinada elaboración, atribuyéndose su autoría a una cultura más avanzada que lo reconocido oficialmente para el período neolítico. Allí comenzó una bola de nieve que después de volver famosa a la excavación de Glozel, hizo que se desprestigiara, permaneciendo así por mucho tiempo. Sin embargo, lo cierto es que los restos existen y son muy extraños.

El alfabeto de Glozel

Glozel es uno de los sitios arqueológicos europeos que ha sido más investigado por científicos altamente calificados. Sin embargo, y aunque no ha podido probarse, hay muchos detractores que afirman que todo es un fraude. Pero sea como sea, ¿qué hay en Glozel que produce tanta polémica?

Lo principal de Glozel, y su mayor puzzle, son los rastros de escritura que se han encontrado. De partida, su estilo no es único, sino que es parecido a los alfabetos antiguos que se han descubierto en Italia, España y Portugal, que se relacionan a las lenguas pre-indoeuropeas y pre-etruscas. Esto señala una gran antigüedad. El problema es que las pruebas científicas sitúan a Glozel en un período en que el hombre no habría descubierto la escritura, surgiendo el misterio de cómo hombres primitivos desarrollaron un alfabeto.

Los signos se han encontrado no sólo en tabletas de arcilla, sino también en todos los objetos descubiertos. Y aunque aún no han podido descifrarse, su lectura es importante para dar más luz a la fecha en que habrían vivido los habitantes de Glozel.

Las fechas tentativas

Varios estudios sitúan a Glozel en el período neolítico, es decir, hace más o menos siete mil años. Y hay testimonios, basados en pruebas de termoluminiscencia (un sistema para medir la antigüedad) en las cerámicas de Glozel que confirman la autenticidad de los restos. El doctor Zimmerman, experto de la Universidad de Washington, determinó que "no hay posibilidad de que las muestras de Glozel sean de fecha reciente o artificialmente irradiadas para hacerlas parecer antiguas". El problema con la ciencia oficial es que para hacer las tablillas, de acuerdo a otros estudios, se necesitaba una temperatura de entre 600 y 700 grados, cifra lejana a los medios que podrían haber tenido los habitantes de ese período. Las pruebas de carbono 14 demuestran lo mismo.

Otros restos dan más misterio a Glozel. Tradicionalmente, los pueblos primitivos pasaron del patriarcado a una larga época de matriarcado, como muestran las miles de estatuas de mujeres que simbolizan la fertilidad. Sin embargo, en Glozel se encontró una pequeña estatua que representa a un hombre, bautizada como el Shaman, que sostiene una daga en su mano izquierda y está parado sobre el ombligo de un animal sacrificado. Lo interesante es que tiene esculpidos dos collares en su cuello y está desnudo, imagen que lo liga inmediatamente con los símbolos maternos que dieron origen al primordial culto matriarcal.

Si esta teoría es confirmada, la antigüedad de Glozel aumentaría y arrojaría más interrogantes a su alfabeto ¿Quién pudo desarrollar un alfabeto en tiempos tan remotos? ¿Será que los humanos antiguos eran más avanzados de los que se cree? La respuesta aún no llega.

Como corolario, aclaro que mucho de lo que dice el artículo está basado en investigaciones realizadas en las décadas del 20 y 30 del siglo XX. Hoy se dice que las famosas tablillas posiblemente datan del siglo III antes de la Era Común y que, incluso, algunos restos serían del siglo XIII, copiados por lugareños de esa época que encontraban bonitos los diseños de las piedras viejas. Y como advertencia final: recuerden que ya tenemos todas las piedras de Ica y hombres de Piltdown que necesitamos...

1 de octubre de 2007

Codex Gigas, la Biblia del Diablo


Cuando leí esta noticia en The Fortean Times, pensé que estaban hablando de algo así como el Necronomicón. Pero no era tan así. El Codex Gigas, el manuscrito medieval conocido como la Biblia del Diablo, es más una especie de enciclopedia que resume el corpus de conocimientos de los benedictinos que un libro escrito por el Maligno para deshacer la creación.

De hecho, contiene puros textos religiosos como los Antiguo y Nuevo Testamentos; la Guerra de los Judíos, del historiador del siglo I Flavio Josefo; el equivalente al santoral de la época y una guía para determinar la fecha de Pascua.

Según el experto en libros mediaveles checo, Zdenek Uhlir, escribir el manuscrito del cual se conservan 624 páginas de un total de 640, debió haber tomado alrededor de 12 años. Pero, y por esto le llaman la Biblia del Diablo, cuenta la leyenda que a principios del siglo XIII un monje del monasterio de Podlazice, localidad a 100 kilómetros de Praga (no sólo de Kundera viven los checos eh!), para purgar sus pecados prometió escribir el códex en una noche. Como vio que no se la iba a poder, hizo un pacto con el Diablo para cumplir con su voto. Y el Diablo estampó su imagen en una de las páginas (la de la foto de arriba), para que todos supieran que participó en el asunto.

En lo personal, ésa me parece una pésima forma de purgar pecados, pero bueno, el Codex Gigas estará en exhibición en la Biblioteca Nacional de Praga hasta el 6 de enero, por si alguien viaja. Después de esa fecha, regresa a Suecia (los suecos se adueñaron del libro en 1648).

26 de septiembre de 2007

El astronauta de Palenque

Uno de las evidencias más representativas de la teoría de los paleoastronautas y los contactos cercanos del tercer tipo de las civilizaciones antiguas de la Tierra, es el famoso Astronauta de Palenque.

Esta es una lápida descubierta en la ciudad maya de Palenque (por ahí por Chiapas en México) por el arqueólogo cuate Alberto Ruz Lhuillier en 1949. Corresponde a una imagen en bajorrelieve del rey Pakal, que vivió y gobernó prósperamente en el siglo VII después de Cristo.

Y su fama viene porque muchos estudiosos aseguran que el aludido está nada menos que piloteando una especie de nave espacial. Por ejemplo, como dicen en la web de Mistery Planet:
  1. En la nariz de Pakal se puede observar un especie de aparato que serviría como respirador y cumpliría la función del casco de un astronauta.
  2. En la parte delantera se ven botones y palancas.
  3. El cabello ingrávido, como estaría un astronauta sin el casco.
  4. En la parte trasera del aparato se distinguen claramente las llamas producidas por la nave.
Sin embargo, hay explicaciones racionales que explican que la figura es en realidad una especie de alegoría del proceso en que el fallecido rey se convertía en un dios tras su muerte, repleta de simbolismos que también se han encontrado en otros restos maya, como argumenta un investigador llamado Alfredo López Borgoñoz en este artículo:

Según Houston y Stuart (1996, 296) los gobernantes mayas no eran considerados, en vida, como dioses. Como mucho, según los textos, eran sagrados. La fusión de estos gobernantes (y de sus esposas/os) con los dioses tenía lugar tras la muerte de éstos, cuando muchos de ellos empezaban a ser venerados juntamente con los héroes ancestrales o fundadores de cada ciudad.

Un ejemplo de este tipo de política sería la romana, en la que los primeros emperadores, pese a no ser entendidos como dioses en vida, sufrían un proceso de divinización tras la celebración de sus ceremonias funerarias, especialmente la de la apotheosis (que viene a significar en griego algo así como paso a la divinidad). Es por ello que en el mundo maya empezaron a desarrollarse una serie de imágenes que representaban el paso del gobernante muerto a la divinidad, asumiendo, en dicho tránsito, los atributos de alguna deidad. En general los reyes masculinos se asociaban al dios Sol, y las femeninas a la diosa Luna. Sin embargo, algunos de los miembros de esta clase gobernante también aparecían asociados al dios del Maíz. Este dios era un símbolo de la juventud y de la renovación vegetal, representado un ciclo de transformaciones que vinculaba a los gobernantes con los primeros seres humanos, quienes eran representados como una especie de pasta de maíz.

En esta losa de Palenque, se representaría a Pacal, además de con todos los símbolos antes mencionados (el pájaro Quetzal, la serpiente, todos ellos asociados a la muerte y resurrección) sufriendo un proceso de transformación (metamorfosis) y emergiendo con los atributos del Dios del maíz o de plantas. Es decir, hallamos presente en la losa, de forma normal, toda la simbología clásica de la muerte y resurrección según las creencias mayas.

¿Qué opinas tú?

20 de septiembre de 2007

Cuatro tesoros perdidos del mundo

Esta gran ilustración de Marcelo Pérez Dalannays la ocupamos en una revista Vive! de octubre del 2006. ¿El tema? Tesoros perdidos de la historia, a propósito del estreno en ese entonces de la película La Leyenda del Tesoro Perdido, de Nicholas Cage.

Hacer esta clase de temas en la revista siempre es agradable, por la entretenida discusión apócrifa que se da al momento de elegir los lugares, objetos o historias a narrar, y porque, en el fondo, pensamos que el mundo sería más interesante si todas estas cosas fueran realmente ciertas. La elección la hicimos considerando cuáles eran los misterios más reconocibles por el público en general, incorporando además alguno relacionado con Chile, ya que darle un poco de identidad local a esta clase de artículos siempre es una buena idea. A continuación, los textos breves que pusimos sobre la ilustración. ¿Qué opinan?

La Lanza del Destino
Antigüedad: Siglo I.
Ubicaciones posibles: Museo Hofburg, Viena; Basílica de San Pedro, Roma.
Leyenda: el arma con que un centurión romano, Longinus, atravesó el costado de Cristo crucificado, supuestamente tiene poderes mágicos y esotéricos que la convierten en uno de los objetos místicos más anhelados. A lo largo de la historia ha sido buscada por templarios, cruzados, nazis, arqueólogos, etc., y ha sido protagonista de centenares de libros y películas, como Hellboy y Constantine.

Arca de Noé
Antigüedad: 3.000 antes de Cristo.
Ubicación posible: Monte Ararat, Turquía.
Leyenda: el patriarca Noé fue elegido por Dios para salvarse junto a su familia y una pareja de cada raza de animal en la legendaria época del Diluvio Universal que venía a limpiar la Tierra de la corrupción y el pecado humanos. Tras la inundación, su navío, la famosa arca, supuestamente encalló en la cima del Monte Ararat en la actual Turquía, zona donde diversos testimonios aseguran que aún permanece. Algunos incluso han traído muestras de madera de esas cumbres.

Arca de la Alianza
Antigüedad: 2.000-1.500 antes de Cristo.
Ubicaciones posibles: Etiopía, Jordania, Israel o Alemania
Leyenda: este tesoro es el mismo objeto sagrado que busca Indiana Jones en su primera película. Es una caja de madera con cubierta de oro con dos ángeles en su tapa que contiene los objetos rituales con los que el pueblo judío se comunicaba con Dios en tiempos antiguos. De inmenso poder –se dice que fulminaba a cualquiera que pusiera sus dedos sobre ella– desapareció en la época de la destrucción del Templo de Salomón. Sin embargo, los descendientes etíopes de Salomón y la Reina de Saba aseguran que el Arca está en su país.

Tesoro de Guayacán
Antigüedad: Siglo XVII.
Ubicación posible: Bahía Guayacán, IV Región, Chile.
Leyenda: ubicada justo frente a Coquimbo, esta bahía fue descubierta por el corsario británico Francis Drake en 1578, convirtiéndose en refugio de bucaneros y piratas, como Thomas Cavendish, Bartolomé Sharp y John Hawkins, entre otros, que asolaron las costas chilenas durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Y en esta bahía habrían sepultado muchas de sus riquezas. Sin embargo, aunque no se ha encontrado el tesoro, sí han aparecido algunos objetos preciosos y extraños registros en pieles de nutrias que apuntan a que la leyenda algo de verdad tiene.

3 de septiembre de 2007

Misterio de Stonehenge resuelto

O por lo menos así lo aseguran en este video. Rocas pequeñas para mover rocas grandes, con un poco de ayuda de la gravedad. ¿Será aplicable este sistema de construcción para otros monumentos megalíticos?

24 de agosto de 2007

Antigüedad de la Esfinge de Giza

Robert Schoch es un geólogo devenido en arqueólogo apócrifo debido a sus estudios sobre la legendaria Esfnge de Giza. Según este señor, el monumento derruído superaría los 7 mil años de edad, bastante más antiguo que la antigüedad oficial decretada por los egiptólogos profesionales. Sólo de esa manera se explica su estado tan carcomido en comparación con las pirámides. El español Javier Sierra lo entrevista en su web y en Celtiberia hay un resumen de las teorías de este geólogo. ¿Será tan antigua la Esfinge? A continuación, un resumen de las ideas de Schoch, basado en la información de Celtiberia:

Los estudiosos que mantienen el hecho circunstancial de que Kefrén fue quien edificó la Esfinge están olvidando una importante evidencia además de la mía propia. Por ejemplo, tomemos el problema de la llamada Estela del Inventario, que también es conocida como la Estela de la Hija de Keops. La inscripción de la estela, que data del siglo VI o VII a.C. y pretende ser una copia de un texto del Imperio Antiguo, dice que la Esfinge ya existía en tiempos de Keops, quien tomó el trono de Egipto treinta y un años antes que Kefrén. Los egiptólogos contemporáneos rechazan que la Estela del Inventario sea una antigua falsificación y, sin embargo, rechazan aceptar que sea auténtica. Para hacer eso, por supuesto, deberían dar la vuelta a la sabiduría tradicional. Después tenemos los testimonios de los antiguos. Selim Hassan (arqueólogo egipcio) investigó todas las referencias literarias al monumento desde los primeros escritos conocidos hasta la época romana. Todos ellos situaban a la Esfinge en una era anterior a las pirámides de Giza. De hecho, las tradiciones orales de algunos de los pueblos cercanos a Giza mantienen que la Esfinge es, al menos cinco mil años, anterior a Kefrén.

En Inscription: Journal of Ancient Egypt, el geólogo David Coxill confirma mis observaciones sobre las marcas de erosión en Giza, evalúa los argumentos en contra y sostiene mi hipótesis de que la Esfinge debe datar de un tiempo de fuertes lluvias bastante anterior al Imperio Antiguo. Coxill duda en llevar más atrás la fecha hasta el período entre 5000 y 7000 a.C. basándose en los datos sismológicos, pero está de acuerdo en que la Esfinge «es claramente más antigua que la datación tradicional». Lo que no dice es cuánto más antigua. Colin Reader, un ingeniero en geología formado en la Universidad de Londres, llega a una conclusión similar siguiendo un meticuloso estudio de las marcas de erosión de Giza y de la hidrología de la meseta. Reader se muestra poco dispuesto a atrasar la fecha de la Esfinge más allá de la segunda mitad del Período Predinástico, o alrededor de 2800-2600 a.C. Antes de esta época, señala Reader, los antiguos egipcios no trabajaban la piedra como se ve en la Esfinge, en los templos del Valle y otras construcciones asociadas a la Esfinge.

En este punto, estoy convencido de que Reader está equivocado y que la Esfinge es más antigua de lo que él está dispuesto a aceptar a pesar de sus propias y excelentes pruebas. Si la Esfinge fue esculpida en el período de 2800-2600 a.C., entonces tuvo que haber suficientes precipitaciones, y fuertes, de agua durante ese tiempo como para erosionar tan severamente el monumento y su recinto. No obstante, el auge del período de lluvioso terminó hacia el 3000 a.C. y Egipto ya seguía un muy sólido camino para convertirse en un desierto hacia el 2800 a.C. Las tumbas de adobe llamadas mastabas, construídas en la Meseta de Sakkara, sólo a trece kilómetros subiendo el Nilo desde Giza, y datadas indiscutiblemente hacia el 2800 a.C. muestran una erosión muy ligera, incluso aunque están construídas en material mucho más suave y vulnerable y estaban expuestas al mismo modelo climático. Simplemente, no es posible que la Esfinge pudiera ser esculpida como muy tarde entre el 200 y el 2600 a.C. y se deteriorara tanto bajo las escasas lluvias como para necesitar una intensa reparación en la época en la que Keops estaba construyendo su pirámide, alrededor del 2550-2530 a.C.

Los egipcios eran suficientemente expertos en el trabajo de la piedra como para erigir los monumentos de Giza bastante antes del 2800 a.C. A pesar del desacuerdo sobre la época de la construcción, tanto Reader como Coxill corroboran mis observaciones fundamentalmente sobre la Esfinge. El monumento pertenece a un tiempo muy anterior al de Kefrén".