Mostrando entradas con la etiqueta chiloe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta chiloe. Mostrar todas las entradas

4 de marzo de 2008

Breves del mundo raro

En el posteo número 99 de Mundo Apócrifo, vamos a nombrar varias notitas cortas interesantes...

¿Dibujó Hitler a los enanitos de Walt Disney? Según el curador de un museo noruego, sí.



El caso del pez serpiente chilote (el mismo donde salió este reportero) al parecer fue resuelto:
Expertos señalan que la extraña especie de pez encontrado a mediados de febrero en las costas de Chiloé, exactamente en la localidad de Auchac, pertenecería a la orden Lampriformes, familia Trachipteridae, y que está presente en todos los mares del mundo con excepción de la Antártica. Lee el resto de la nota.
Imagen de la Virgen llora lágrimas de aceite:

Una "milagrosa" imagen de la Virgen María que gotea aceite atrae a miles de cristianos a una humilde iglesia en la ciudad egipcia mediterránea de Port Said, convertida ya en un centro de peregrinaje para los coptos.

En la imagen, la Virgen aparece con las manos abiertas y mirando hacia el suelo. Aunque no se pueden percibir las gotas mientras bajan de la imagen, sí se ve un depósito de aceite que se acumula en una bolsa de plástico a los pies de la imagen.

Este año, cuatro días después de que la imagen comenzara a gotear aceite, el Papa copto Shenuda III firmó la imagen y aseguró que "lo que está pasando es un acto totalmente divino", dijo el Padre Pola a los fieles.

21 de febrero de 2008

A propósito del pez serpiente chilote: Lecaros en LUN


Sólo les faltó poner el link de Mundo Apócrifo en la nota, pero bueno, es apenas un detalle :D

Un honor aparecer en el mismo texto que don Hugo Zepeda.

20 de febrero de 2008

El misterioso pez serpiente de Chiloé

Salió en LUN hoy:

La noticia del extraño pez atrapado en la isla de Chiloé, da para pensar un poco. Después de todo, Chiloé, si es conocida por algo, es por la inmensa cantidad y variedad de floridos mitos y leyendas que la pueblan.

Sin duda, en una época en que la película Cloverfield en el cine nos presenta un monstruo salido del mar que arrasa Nueva York, este pez misterioso chilote resulta una figura bastante atractiva.
¿Será este pez, hasta ahora desconocido para los expertos entrevistados, algún pariente de las famosas serpientes marinas que pululan en los relatos de los marinos y navegantes de los siglos XV y XVI?

O tal vez sea un retoño de la mítica serpiente Caicaivilú, la soberana de las aguas que quiso hundir al mundo bajo su dominio, siendo combatida por su hermana Tentenvilú, la defensora de la tierra firme. Eso explica el origen de Chiloé, según la leyenda, ya que Tentenvilú elevaba los cerros de cada pedazo de tierra sumergida por Caicaivilú, en la versión local del mito del diluvio universal.

O quizás sea una cría de Cuchivilú, ese legendario híbrido entre serpiente y cerdo que además de hartarse de comida en los campos de pesca de Chiloé, y maldecirlos, provoca granos y sarna si te bañas en aguas por las que hayas nadado.

Lo claro es que hallazgos como éste son los que seguramente han dado origen a muchos de los mitos no sólo de Chiloé, sino del resto del mundo. El millalobo (humano-lobo marino), pincoyas, vacas marinas (nacida en la batalla de Caicai y Tenten), caballos marinos, el cuero, guirivilus, etc.
Ahora, hablando de forma más escéptica, en el mejor de los casos, será una especie abisal semidesconocida, un caso parecido al celacanto descubierto en Sudáfrica en 1938 que se creía extinto desde hace 80 millones de años. El pez chilote bien podría ser un sobreviviente de épocas remotas arrastrado por las corrientes submarinas hacia Chile.

Y en el peor de los casos, será sólo una malformación de alguna especie conocida de anguila o similar.

¿Qué creen ustedes?

2 de enero de 2008

Muy Interesante: La Recta Provincia

En la Muy Interesante publicamos varios reportajes que abordan el mundo de lo paranormal. Uno de los mejores es el relato escrito por el gran Daniel Villalobos acerca de la Recta Provincia y los brujos de Chiloé. El invunche que ilustra este posteo es de Marcelo Pérez Dalannays. Acá reproduzco el reportaje antes que se pierda en el olvido, porque ya saben: no creo en brujas, Garay, pero que haylas, haylas...

EN LA RECTA PROVINCIA

Mientras el ejército chileno peleaba la Guerra del Pacífico en las arenas del norte, un evento menos difundido pero mucho más misterioso tomaba lugar a cientos de kilómetros al sur del país: el proceso judicial que reveló la existencia de una organización de brujos en el corazón de Chiloé.

A la par que se desarrollaba la campaña del desierto y las fuerzas chilenas ya planeaban el avance sobre Lima, en el archipiélago de Chiloé el poder establecido desde Santiago enfrentaba un enemigo menos visible: la fervorosa creencia de los locales en la magia y los curanderos. El temor a los “males” producidos por enemigos invisibles era común en la población y se había vuelto un negocio que incluía pagos monetarios o en especies tanto a quienes decían ser capaces de “lanzar” hechizos como también curarlos.

En ese contexto, el intendente de la provincia, don Luis Martiniano Rodríguez, tomó el toro por las astas y publicó el 7 de abril de 1880 una circular que ordenaba a las autoridades aprehender y enviarle tanto a los desertores del servicio militar que se escondían en casas de la zona como a los machis, brujos y hechiceros que operaran en sus distritos.
Al mes siguiente, Rodríguez lanzó una nueva circular, en la que por primera vez mencionaba su certeza de que “los brujos y curanderos de Chiloé han formado por largos años una sociedad criminal que ha producido la miseria y muerte de familias enteras”. También expresaba la necesidad de perseguir a los asociados al grupo hasta que éste desapareciera por completo.

Las redadas consiguientes llevaron al tribunal de Ancud una lista de poco más de cien personas. De esos acusados fueron apartados los que la justicia consideró responsables de delitos que cayeran dentro de su jurisdicción, ofensas comprobables como estafa, robo e incluso homicidio.

El proceso duró desde marzo de 1880 hasta febrero de 1881, cuando se dictó la sentencia de primera instancia. Durante sus sesiones se pudo atisbar el contorno de una sociedad secreta formada casi exclusivamente por indígenas, que se hacía llamar La Recta Provincia y cuyos orígenes se perdían en la leyenda y las versiones entrecruzadas.

El testimonio más repetido entre los encuestados sobre el nacimiento de la organización implica al menos a una figura histórica real: el piloto y cartógrafo español José Manuel de Moraleda y Montero, que visitó y mapeó la zona del archipiélago durante dos viajes, realizados entre 1786 y 1793. Según la leyenda contada por Mateo Coñuecar, uno de los acusados en el proceso, Moraleda era en verdad un hechicero ibérico que llegó a las islas buscando gente para volver con ella a España. Con el fin de impresionarlos, habría realizado una serie de trucos mágicos, incluyendo el transformarse en varios animales.

Pero Moraleda fue derrotado nada menos que por una mujer, una bruja de Quetalco llamada Chillpila, que venció al mago español, dejando su barco en tierra seca “en el mismo punto donde se hallaba anclado”. Humillado, el extranjero reconoció la superioridad de la magia local y se fue dejando en manos de su competidora un libro de hechicería para difundir el conocimiento entre los locales. El Libro de Moraleda (o de Salamanca, como también se le conoce en algunos textos) habría originado la fusión del saber mágico del Viejo Mundo con las artes locales, lo que explicaría también la aparición en los códigos de la Recta Provincia de figuras de la tradición cristiana como el mismo Diablo.

La Cueva de Quicaví

El Libro de Moraleda se convirtió, según la tradición citada por Coñuecar, en la piedra fundacional de la Recta Provincia, incluyendo el establecimiento de su base de operaciones en la famosa Cueva de Quicaví, una enorme “casa subterránea” escondida en la zona de Quemchi. La Cueva, un lugar mítico que algunos autores indican se iluminaba con lámparas de aceite humano y sus dimensiones varían desde un simple “despacho” hasta una estancia de veinte metros de ancho por doscientos de largo. Estaba custodiada por el Invunche, un ser deforme y temible que los brujos criaban a partir de un bebé hurtado a su madre y que también tomaba parte en las decisiones de la directiva. Aunque varios acusados mencionaron la Cueva durante el proceso, ninguno pudo (o quiso) especificar su ubicación. Una partida formada por policías y oficiales del juzgado local tampoco logró dar con ella, según cuenta un breve artículo de El Chilote, el diario de Ancud de la época.

Pero la versión que el propio Moraleda dejó escrita en su diario de viaje (Esploraciones jeográficas e hidrográficas, editada en 1888 con prólogo de Diego Barros Arana) sobre su encuentro con los chilotes es diametralmente opuesta de la que sugiere la leyenda. Según su texto, el piloto presenció con horror y distancia la forma en que operaban los curanderos, “los cuales, después de muchos misteriosos ademanes, jesticulaciones ridículas (...) acompañados a veces de violentas contorsiones i destemplados ahullidos, hacen pronósticos de la enfermedad i su causa, dejando mui satisfecho de sus aciertos al idiota auditorio”.

En el testimonio de Moraleda son los indígenas locales quienes le temen y llaman brujo y sus ceremonias le parecen propias de “miserables fanáticos”. La diferencia entre su narración y la de Mateo Coñuecar es simbólica de todo lo que rodeó al proceso de la Recta Provincia: esencialmente, el objetivo del intendente Rodríguez y los jueces implicados era desarticular y desacreditar a un poder paralelo cuya influencia se había vuelto indeseable para el Estado. La idea era presentarlos no sólo frente al tribunal sino también frente a sus coterráneos como una pandilla de estafadores indignos del temor reverente que se les profesaba. Reescribir la realidad, negando la condición mágica que los locales le asignaban al grupo y dejar establecido el dogma de que la brujería no era más que una serie de trucos baratos eficaces gracias a la ignorancia y escasa educación de las “víctimas”.

Del otro lado, los testimonios y confesiones de acusados y testigos permiten inferir que para ellos –al menos a la hora de hablar frente al juez– los poderes de la Mayoría (el nombre que recibían los miembros de la organización) eran reales, aunque ninguno de ellos los hubiera presenciado de primera mano. Y ni siquiera la certeza de que muchas de las muertes eran ejecutadas a través de un método tan prosaico como el envenenamiento, opacaba la creencia de que los brujos también podían servirse de medios sobrenaturales.

El organigrama de la Mayoría

El proceso judicial también dejó entrever la peculiar organización de la Recta Provincia, la forma en que sus miembros dividieron el archipiélago y la codificación de esos distritos con nombres de ciudades españolas o coloniales: por ejemplo, llamándole Chillán a Chelín, Perú a Caucahue, Arica a Chohuén y Villarrica a Dalcahue. El grupo estaba liderado por una asamblea o tribunal de brujos, formado por el Comandante de la Recta Provincia, el Juez Componedor, el Secretario y el Visitador General, todos bajo la autoridad del Rey de las Españas. Este último cargo fue atribuido por el acusado Domingo Coñuecar a Pedro María Chiguai, quien nunca compareció al tribunal.

Los acusados y testigos se contradecían a menudo en sus declaraciones, pero coinciden en ciertos aspectos del modus operandi de los brujos: luego que alguien presentaba una queja o petición a la asamblea, los “reparadores” investigaban el caso y daban cuenta de las pruebas al Presidente de Debajo de la Tierra, quien dictaba sentencias que iban desde multas en dinero o especies hasta la muerte.

¿Y qué clase de quejas se llevaban ante el tribunal de la Recta Provincia? Según uno de los declarantes, un tal Juan Ignacio Uribe, los requerimientos iban desde pedir alivio para enfermedades hasta revelar la identidad de ladrones; aunque la mayoría de los “clientes” buscaban a los brujos justamente para defenderse de supuestos ataques mágicos en contra de sus animales o parientes.

Cada uno de ellos tenía funciones específicas y –se desprende de los testimonios– la mayoría de esas funciones eran públicas y conocidas por buena parte de sus vecinos: la condición de hechicero no tenía el carácter de secreto mortal que uno puede encontrar en otros países. La Recta Provincia, al menos en sus inicios, parece haber sido ante todo una organización destinada a proteger a los indígenas locales de los abusos del poder oficial y de los problemas causados por su propia miseria material.

Pero en la época en que sus miembros (o parte de ellos) caen detenidos por las redadas del intendente Rodríguez, hay señales de que la institución está en crisis, que han ingresado a ella personas movidas por la codicia y que muchas de las peticiones hechas a su directiva tienen que ver con rencillas por tierras y venganzas personales. ¿Fue el proceso de 1880 una oportunidad de oro para que las filas de la organización se sanearan y el grupo completo pasara a una etapa más clandestina de su existencia, lejos de la intrusión del poder oficial? Los extractos de las actas que fueran publicados en los Anales Chilenos de Historia de la Medicina sugieren que el tribunal esperaba haber acabado para siempre con la influencia “perniciosa” de la Mayoría. Pero lo cierto es que en general las penas requeridas por el promotor fiscal José N. González en la vista del proceso fueron simbólicas (un anciano, condenado a 540 días de presidio, salió libre en vista de que ya tenía 70 días de detención acumulados) o finalmente denegadas por la sentencia de segunda instancia.

Los brujos y su organización habían quedado expuestos a la luz pública, pero es discutible si el daño de imagen causado por el proceso fue capaz de disminuir el influjo que habían tenido por décadas en el archipiélago. Hoy en día existen toda clase de leyendas y testimonios aislados sobre la forma en que la Recta Provincia sigue operando, bajo nuevas denominaciones y rituales. Y no deja de ser irónico que –cuando las batallas de la Guerra del Pacífico están relegadas a los libros de historia y a los museos– el misterio de la Recta Provincia y el singular momento en que sus miembros fueron sujetos al escrutinio del Estado sigue vivo y abierto a más de cien años de distancia.